viernes, 22 de febrero de 2013

Discapacidades



Hemos vuelto de las revisiones del oído de mi hija. Ha sido una gran semana, no solo no la tienen que operar sino que ha vuelto a recuperar audición. Con sus ojitos llenos de ansiedad me pregunta mamá:

 
                Ya estoy bien del oído, ya voy a ser una niña normal, igual que las demás….

En su cara noto la angustia y noto como se relaja y sonríe con esa sonrisa que ilumina todo, mientras le explico que sí, que ya casi oye como los demás, pero que siempre será diferente. Todos somos distintos y debemos aprender de ellos, desde el color de los ojos, la altura o donde hemos nacido. Le explico que siempre será alguien muy especial y además ahora tiene la ventaja de saber lo que es un discapacidad, superarla y que “desaparezca”…Y ella contesta, si mamá ahora sé lo que siente un niño diferente y puedo ayudarles, te lo prometo.
               
Todo esto hace que me pregunte en que sociedad vivimos si los niños con discapacidad la sienten como un peso extra. Deberíamos reflexionar sobre lo que enseñamos y como tratamos a los demás, especialmente a los que no son como la mayoría. Las diferencias nos enriquecen y podemos aprender mutuamente, pero para eso debemos empezar por conocernos.

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